Alicante creció sobre una llanura litoral formada por aluviones del río Monnegre y las ramblas del Cabeçó d'Or. Cuando el puerto se expandió a finales del siglo XIX y los barrios del Pla del Bon Repòs se urbanizaron, los ingenieros descubrieron que bajo la capa superficial de limos y arenas sueltas aparecían arcillas marinas de plasticidad media. Para cualquier proyecto nuevo —desde una promoción en San Blas hasta una rotonda en la N-332— conviene empezar con una clasificación de suelos USCS/AASHTO que diferencie los materiales cohesivos de los granulares; ese primer paso define el tipo de cimentación y el tratamiento de la subrasante. Combinamos esa identificación con un ensayo Proctor para conocer la compactabilidad y con calicatas exploratorias donde el terreno lo permite.

Las arcillas CL-CH del casco histórico de Alicante pierden cohesión al saturarse; la clasificación USCS inicial evita sorpresas en cimentaciones superficiales.