Recuerdo una obra en la avenida de la Costa Blanca, cerca del puerto deportivo, donde el pavimento rígido de un acceso a garajes colapsó a los tres años. El problema no fue el hormigón, sino una subrasante mal caracterizada y la ausencia de juntas de dilatación adecuadas. En Alicante, con suelos margo-arcillosos expansivos y un nivel freático que sube en temporada de lluvias, el diseño de pavimento rígido exige conocer la capacidad portante real del terreno. Por eso arrancamos con un estudio de mecánica de suelos que incluye calicatas y ensayos de laboratorio, para definir el módulo de reacción de la subrasante (k) y optimizar el espesor de la losa. Sin ese dato, cualquier cálculo es una apuesta.

En Alicante, el módulo de reacción k de la subrasante puede variar de 20 a 80 MPa/m según la zona, dato crítico para el espesor del pavimento rígido.