Muchas constructoras asumen que el subsuelo de Alicante es uniforme por su geología costera, y eso es un error que pagamos caro en obra. La ciudad se asienta sobre una mezcla de depósitos aluviales del río Monnegre, margas terciarias y rellenos antrópicos en zonas como el puerto o la playa de San Juan. Sin un estudio de mecánica de suelos que caracterice cada estrato, los asientos diferenciales aparecen a los pocos meses de terminar la estructura. Hemos visto casos en los que se proyectaron zapatas aisladas sobre un relleno sin consolidar, y el edificio terminó con fisuras en fachada antes de la entrega de llaves. Por eso arrancamos cada campaña con un ensayo SPT sistemático cada 1,5 metros de profundidad, más la extracción de muestras inalteradas para laboratorio. Solo así garantizamos que el cálculo de capacidad portante refleje la realidad del terreno alicantino.

En Alicante, un perfil de suelo mal caracterizado puede traducirse en asientos de hasta 5 cm en estructuras de 10 plantas, con fisuras irreversibles en forjados y cerramientos.