Es frecuente que una constructora reciba el visto bueno municipal y arranque la obra sin verificar la capacidad del terreno. En Alicante aparece el error típico: asumir que el suelo de la traza es uniforme. Lo cierto es que bajo la capa vegetal aparecen limos arcillosos, margas y a veces rellenos antrópicos de distinta compacidad. El diseño de subrasante vial consiste en caracterizar esos primeros metros para decidir si el suelo sirve como apoyo directo de la base granular o hay que sustituirlo. Sin ese paso se compromete la vida útil del firme. Por eso antes de extender la primera tongada conviene complementar con un ensayo Proctor que fije la humedad óptima de compactación y un CBR de laboratorio que mida la resistencia frente a la penetración.

Clasificar el suelo según la PG-3 evita que una subrasante mal compactada genere ondulaciones prematuras en el firme de Alicante.