En Alicante, muchas veces vemos que las obras arrancan sin un conocimiento real del subsuelo. El terreno calizo y las acumulaciones de rellenos en zonas como la Playa de San Juan esconden tuberías, antiguas cimentaciones y cavidades. El georradar GPR resuelve ese vacío de información. Emitimos ondas electromagnéticas de alta frecuencia y medimos los ecos. En un día cubrimos cientos de metros lineales sin perforar. Para complementar la prospección, antes de cualquier excavación profunda conviene integrar los datos con una tomografía sísmica que correlacione velocidades de onda con las reflectividades del GPR. Así reducimos riesgos de topografía oculta.

En Alicante, la conductividad del suelo limita la penetración del GPR a 3-4 metros con antena de 400 MHz en zonas litorales.