El equipo de campo despliega sensores sísmicos en puntos clave del área urbana de Alicante. Se instalan geófonos de 4.5 Hz conectados a un sismógrafo digital de 24 canales. El tendido lineal mide entre 100 y 200 metros según la accesibilidad de la calle. Cada punto de tiro se activa con una masa de 10 kg o un martillo instrumentado de 8 kg. La señal viaja por cable blindado hasta la unidad de registro, donde se almacenan los datos en bruto. Durante la campaña se realizan entre 6 y 10 adquisiciones por línea para asegurar repetibilidad. El procesamiento posterior aplica filtros pasa-banda y apilamiento vertical. Alicante presenta una geología heterogénea con depósitos aluviales, margas y rellenos antrópicos, lo que exige una campaña de prospección geofísica previa para definir la estratigrafía local. La microzonificación sísmica en Alicante permite clasificar el terreno según la aceleración máxima esperada y el periodo predominante del suelo.

En Alicante, la microzonificación sísmica revela contrastes de rigidez entre el aluvial del barranco y las margas del casco antiguo.