El crecimiento urbano de Alicante durante el siglo XX transformó la huerta tradicional en una extensa red de viales y autovías que conectan la costa mediterránea con el interior montañoso. Este desarrollo se apoyó en suelos margo-arcillosos del Mioceno y depósitos aluviales del río Vinalopó, que presentan plasticidad media-alta y susceptibilidad a cambios volumétricos. Para garantizar la durabilidad de los firmes, la estabilización de suelos para carreteras en Alicante se aborda desde la caracterización geotécnica previa, donde el laboratorio local aplica el ensayo Proctor Modificado (UNE 103501) para definir la humedad óptima y la densidad máxima. Complementariamente, se evalúa el índice CBR mediante el ensayo CBR para estimar la capacidad de soporte de la subrasante antes de proyectar el refuerzo con cal o cemento.

La estabilización con cal reduce la plasticidad del suelo al reaccionar con los minerales arcillosos, logrando subrasantes con CBR superior al 20 %.